jueves, 16 de agosto de 2012

“Pobre: Te odio, te aborrezco y te castigo”.


Extracto de una nota publicada por los compas de LTF 


Patada al hígado

Segunda de tres partes de “Pobre: Te odio, te aborrezco y te castigo”.

Marche una Hepatalgina a la mesa 44. Nuestros investigadores empiezan a sentir un fuerte malestar estomacal.

El sistema penitenciario como depósito de pobres.

“Todos los días los vemos entrar. Nunca pronuncian bien las palabras. Nunca son rubios. Que mala imagen. Que mala vista. Ya que los tenemos encerrados podrían ser un poco más lindos, eh. Pero no. Estos negros de mierda, no saben hacer otra cosa que delinquir”

“Se agradece de tanto en tanto algún que otro recreo visual. Celebramos cuando en las cárceles de mujeres aparece alguna rusa atractiva. Que las cárceles femeninas estén llenas de mulas preferentemente extranjeras muchas veces nos salva la vida. Salvo –por supuesto- que se trate de alguna boliviana o peruana. Eso es lo mismo que tener una cárcel de hombres a nuestra disposición. Basura, basura y más basura.”
“Dicen que surgí para humanizar los castigos medievales, la tortura en plazas públicas y demás rituales violentos al estilo William Wallace en el final de “Corazón Valiente”; pero la realidad indica que mi único objetivo se limita no a sustituir sino a esconder esas prácticas y mantener su ejecución detrás de los muros carcelarios. Parece que de un momento a otro publicitar las represalias no fue muy rentable que digamos para las autoridades de turno y ahí aparecí yo y a otra cosa mariposa. Jaulas. De un tiempo a esta parte, por suerte nos pusimos de moda”.  

“No soporto a los familiares de los presos. Son la misma lacra que ellos. Me encanta complicarles la vida lo más que pueda. Construyo cárceles lo más lejos posible de los centros urbanos para que cada vez les sea más difícil irlos a visitar. No hay que mezclar a los normales con estas bestias. Que se tomen cuatro colectivos. Eso a mí me tiene sin cuidado. Mejor. Así los agarro bien cansados para humillarlos sin pudor alguno en las benditas requisas. Momento sublime si los hay. Cuartito al fondo, a sacarse la ropa y si te he visto no me acuerdo”.
“Me encanta ser cínico. Lo disfruto, lo gozo. Me masturbo con el artículo ese que dice que la cárcel tiene como objetivo la reinserción del delincuente en la sociedad. Me cago de risa. Me río en la cara de los que me creen. ¿Resocializar excluyendo de la sociedad? ¿A qué ignorante perverso se le ocurre confiar en semejante contradicción lingüística? Si me interesara resocializar a alguien, una vez que los tipos salen no les dificultaría enormemente las cosas, por ejemplo jodiéndoles la vida para que consigan un trabajo a partir de la existencia del certificado de antecedentes. Me caigo y me levantoooooo!! ¿Resocializar? ¿En serio alguien cree semejante estupidez? Jajajaja!! Estruendoso. Genios posmodernos. Qué maravilla que son los teóricos del estado de bienestar. Palito, bombón, helado. Merca, celular y celda vip. Quién da más, quién da más”.

Los jueces y su odio a los pobres.

“Soy Dios. O lo más parecido a eso que pueda existir en este mundo. Me deben respeto y sumisión. Todos y todas. Exijo que me llamen “Su excelencia”. Vivo de rituales muy estúpidos. Un crucifijo adorna mi cabeza. En algunos países hasta uso peluca y toga. Teatralizo el conflicto social que por supuesto me pertenece. Las partes no existen. Son meros datos en un expediente, cuyo contenido jamás conoceré. Soy Dios. Eso ya lo dejé claro, ¿no?”.

“Soy Dios. Tengo chofer, custodia y mucho pero mucho roce social. Vivo extremadamente mejor de lo que podría sugerirles mi salario. Mis ingresos son de dudosa procedencia. Amigos, cadenas de favores. No piensen mal por favor. Una excarcelación tiene precio, pero no lo digan demasiado alto. Lo sabe todo el mundo, pero uno tiene su nombre, vio. Además soy profesor universitario. Que van a pensar los incrédulos de mis alumnos”.

“Soy Dios y en mi calidad de tal de más está decir que me cago en eso de la igualdad ante la ley. Sin dudas me parece la frase más pelotuda de toda la normativa existente sobre la faz de la Tierra. Salvo alguna excepción muy pero muy aislada, sólo condenamos a los pobres. Ay, ay, ay. Que fácil sería si todos supieran cómo compensarme. Soy Dios”.
“Soy Dios. Mi cargo es eterno. Pertenezco a una corporación divina. Intocable. Todos sueñan con tener un amigo como yo. Un conocido con tan alto rango y jerarquía. Trabajo bastante poco. Para eso tengo un ejército de pendejos, a mi disposición. Que vayan aprendiendo los mocosos como es esto de mirar a todos por encima del hombro. Toman las audiencias por mí, escriben las sentencias por mí y hasta a veces me falsifican la firma para no complicar mi estadía en el campo de golf más cercano. Soy Dios”.

“Soy Dios. Pongo el grito en el cielo si alguien osa contradecirme. Que a nadie se le ocurra denunciarme públicamente o intentar cortar alguna de mis atribuciones. Ni agencia de noticias, ni compra-venta de influencias, ni escuchas ilegales, ni anillos de miles y miles de dólares. Soy Dios y Dios hace lo que se le canta. Tomá nota marcianito.”

Maximiliano Postay